El primer cuento que aborda la transmasculinidad en México se titula “Carmen del Mar”, publicado en el año de 1959 por Nidia Esther Rosado Bacelis, una escritora proveniente de Mérida, Yucatán, totalmente desconocida para los escritores e investigadores de la Ciudad de México e incluso desconocida para los propios habitantes de su tierra natal.
Antes de hablar sobre su cuento me gustaría hablar sobre la autora.
¿Quién es Nidia Esther?
Nidia Esther Rosado Bacelis nació el 28
de mayo 1918, pero en realidad nació públicamente a la edad de 13 años cuando
se registró por primera vez para tener un acta de nacimiento. Los sucesos de la
guerra cristera influyeron en su forma de ver la vida. Nidia formó parte del
grupo de las juventudes sinarquistas desarrollando una verdadera conciencia de
clase sociopolítica. Ella, se reafirma a sí misma como una hija de la clase
trabajadora y su influencia la llevaron a vivir una verdadera experiencia de
empoderamiento femenino.
Fue rebelde desde niña, sufría golpizas y regaños por parte de su madre
y las maestras que trataban de educarla, sin embargo, no pudieron corregir su
forma de ser. Ella misma tomó conciencia sobre su propia situación, es por ese
motivo que se comprometió a estudiar para convertirse en profesora y poder
ayudar a su familia. Una vez concluida esa tarea comenzó su trabajo en pequeños
poblados donde demostró sus capacidades como maestra y obrera (ya que cosía y
diseñaba ropa, participaba en el entorno social y era consejera de muchas
personas). Cuando tuvo la oportunidad de ganar una candidatura para convertirse
en gobernadora de una entidad ella comenzó a preguntarse quién era y a dónde
quería ir, una vez decidió el camino comenzó a escribir sus primeros cuentos,
un conjunto de diez historias que confeccionó en su primer libro “Cuando la
feria acabe”.
El libro se publicó con la ayuda de la Universidad de Yucatán, el
prólogo estuvo a cargo del escritor Ermilo Abreu, cocido por su novela “Canek”,
publicada en 1940 y hoy considerada como un libro imprescindible en nuestra
literatura mexicana. Ermilo le entrega su prólogo en el año de 1957 desde la
ciudad de Washington D. C.
La crítica fue hecha por hombres, la mayoría positivas, pero había
algunos elementos que no terminaban de agradar debido a que Nidia era una mujer
y la crítica masculina siempre tenía que dar voz, voto y opinión. Sin embargo,
esto no sería ningún impedimento para la autora. De todas las notas sólo hubo
una que hizo una mención sobre la transexualidad en el cuento de Carmen del Mar.
La nota fue escrita por Esteban Duran Rosado en el diario El Nacional: “En
esta época en que la función hormonal y la ciencia endocrinológica nos reservan
sorpresas morrocotudas, no es raro utilizar los fenómenos biológicos que hacen
pensar en avatares psíquicos, que trasmutan los sexos, Y así, hay en los
cuentos de Nidia Esther —no podía faltar— una
Carmen del Mar que se convierte en Pedro Maciel”.[4]
El tiempo llevaría a Nidia Esther a desarrollar un segundo libro titulado
“Cuentos de caballete y de mural”, publicado en el año de 1977 por la editorial
Zamná. El prólogo lo hizo Leopoldo Peniche Vallado y en este proceso se nota un
cambio radical en la escritura de Nidia. En primera instancia presenta ocho
cuentos, todos ellos fuera del imaginario que existió en su primer libro, a
pesar de tener referencias y contextos al pueblo, los campos, valles y
regiones, las historias tienen otro tipo de profundidad. El cuento que nos
interesa en su segunda publicación se titula “Niki el Rojillo”, que nos
muestra la vida de un chico antifascista que ve el deterioro de su mundo con la
llegada de un nuevo régimen, deprimido por la muerte de un familiar se embarca
en un navío para escapar de su situación. Afectado y atrapado en sus
pensamientos es seducido por una travesti (una trap en el término moderno)[5]
que lo orilla a tener relaciones sexuales. En el acto, Niki se da cuenta y la
golpea para darle una lección.
En estos dos libros se encierra una de las primeras etapas de la
escritora. Con el tiempo, su obra comenzará a expandirse en la novela, ensayo, investigaciones
y sus autobiografías.
Otros elementos a destacar en la autora, que nos ayudan a entender las
posibilidades de su obra están marcadas en su tono de piel, Nidia Esther es una
escritora de piel morena, eso provocó una distinción única en su vida. Otro
factor es su relación con los chicos, ella siempre quiso el amor de un hombre,
pero su estilo de vida, empoderado y feminista no encajaba en sus relaciones,
ni en la sumisión que los hombres esperaban de ella, al final terminaba sola.
En el ámbito cultural, Nidia conocía la leyenda de la X-tabay, una entidad que
se transforma principalmente en mujer y a veces en hombre para atrapar a sus
víctimas en la noche y poder absorberles la vida. En el campo biológico tuvo la
educación del profesor Eduardo Urzaiz Rodríguez, primer escritor mexicano en
crear una novela futurista y queer de la ciencia ficción conocida como “Eugenia”,
publicada en el año de 1919, novela que expone una raza donde los hombres ya no
necesitan de las mujeres para poder procrear hijos, esta novela fundaría una de
las bases de la llamada Eugenesia, un movimiento de sanidad racial. El último
elemento sería la “Cirugía superior”, un procedimiento en donde se remueve el
tejido mamario y se modifica el pecho. Nidia debió conocer el caso de Michael
Dillon, primer hombre trans en someterse a una mastectomía torácica
masculinizante en el año de 1942.
Con todos estos elementos, la experiencia y la vida en Mérida Yucatán el
cuento de Carmen del Mar sería un hecho impredecible.
La historia de Carmen del Mar
Esta historia no habla de Pedro Maciel,
un forastero que llega a un hotel y se interna en su habitación para revelarnos
sus secretos, Pedro llegó a ser conocida como Carmen del Mar, una “machorra”
víctima de los chismes y el castigo de los hombres. En un intento de asesinato,
Carmen escapa de su hogar y se somete a una cirugía para cambiar su sexo a uno
masculino. Encerrado en su habitación, alcoholizado, Pedro Maciel recuerda su
pasado y jura su venganza en contra de los hombres quienes le arrebataron a su pareja
Marta y su vida en el mar.
El cuento revoluciona las temáticas expuestas en el país, por primera
vez, somos testigos de un personaje transmasculino que habla, ríe y jura una
venganza. El cuento es breve y contundente, único de su región. Las condiciones
geográficas nos presentan a un forastero que ya tiene nombre e identidad social.
Desde el inicio, Nidia Esther se la pasa reafirmando la existencia de una
nueva entidad masculina: “Todo era nuevo, incluso él”, “Era como si
hubiera vuelto a nacer o hubiera reencarnado”, “Aquella misma tarde había
salido del hospital y era un nuevo miembro de la sociedad”. Pedro Maciel
acaba de salir del hospital, se dirige a un hotel, su primer acto como hombre
trans es escribir su nombre en la libreta de registro: “Tuvo que repetirlo
una y otra vez, para acostumbrarse a la idea de que era él”. Su segundo
acto fue mirarse al espejo dentro de su habitación, mirarse a través de propia
intimidad y admirar sus nuevos cambios estéticos: “Se miró al espejo. Casi
no le habían dejado pelo. Sólo le quedaba un rizo que le caía sobre la frente”.
Su tercera experiencia, ya no como hombre trans sino como un verdadero
hombre sería beber directo de la botella de ron: “Sería su primera
experiencia como hombre y sentía la necesidad de hacerlo. Quería empezar su
nueva vida como lo que era un hombre nuevo que se enfrentaba al mundo”.
La nostalgia y el recuerdo del mar comienzan a mostrarnos la historia de
Carmen, una mujer que vivía cerca de la región costera de Tenajo. Carmen trabaja
en el muelle y vivía con Marta: “Carmen también fumaba. Lo hacía por las
noches mientras Marta le acariciaba el cabello. Afuera soplaba el viento y los
hombres se emborrachaban en la taberna”. Lo que vivía esta mujer era una
relación lésbica, su propio paraíso en el mar mientras la realidad apuntaba a
una maldición, las mujeres de Tenajo habían desaparecido, todas se las llevo “El
Bebo”, un hombre que se aprovechó de su astucia para ligarse a todas las
hembras, el alcohol y la borrachera fue lo único que dejó para los demás
hombres.
A falta de mujeres, El Bebo intentó seducir a Carmen, pero en su
negativa este hombre las hizo visibles, comenzó a echar chismes y habladurías,
en una noche de borrachera, los hombres se encabronaron y decidieron ir a
quemar la casa de Carmen para que ella y Marta murieran adentro: “La ola
creció hasta convertirse en tromba. La muchedumbre enardecida se dirigió al
jacal de Carmen y las teas llovieron sobre el techo. La noche de Tenajo se
volvió roja y los gritos de la turba acallaron el rumor del mar. —¡Que arda!
¡Que arda la machorra con su querida!... —¡Que el diablo se las lleve juntas!”.
Una vez conocida la historia de Carmen volvemos con Pedro quien ya se
encuentra ebrio y convulso, soltando las palabras de su propia confesión: “¡ESTÚPIDOS!
Creyeron haberla quemado y huyó de Tenajo. Carmen del Mar, es ahora, Pedro
Maciel…”.
Esta historia nos abre una posibilidad en la narrativa yucatense,
después de Nidia Esther vinieron otros autores a exponer temas como la
asexualidad, el VIH, el travestismo, el abuso sexual y los usos de la región
como pene artificial que se le pone a una bebita para engañar al esposo que quiere
un primogénito varón.[6]
De todos los escritores, Nidia fue la más abierta a las expresiones de género,
adelantada en su tiempo y creadora de una calidad magistral.
Anotaciones finales
Carmen del Mar es una historia que
refleja el machismo y la imposición de los hombres, ellos fueron quienes
juzgaron y decidieron un castigo al no ver cumplidas sus ambiciones, además del
cuento, las notas y referencias a los marimachos exponen el mismo modo de
operación, quien juzga, señala y castiga es el hombre, la mujer no puede ser
lesbiana y mucho menos travestirse de hombre. La persecución de estos
marimachos llevó a una nueva evolución, la llega del sujeto transmasculino.
Este cuento nos abre las puertas a la creación de una nueva historia trans,
necesaria para las letras mexicanas y para la literatura de nuestro país a la
cual le hace falta una nueva lectura.
Les compartimos el cuento Carmen del Mar.
CARMEN DEL MAR[7]
Nidia
Esther Rosado Bacelis
Ahí estaba, parado junto a la ventana
contemplando el paisaje. Todo era nuevo, incluso él. Con las piernas enfundadas
en los pantalones y las manos metidas en los bolsillos. Era como si hubiera
vuelto a nacer o hubiera reencarnado. Sin embargo, había una pequeña pero
significativa diferencia: tenía un pasado.
Aquella misma tarde había
salido del hospital y era un nuevo miembro de la sociedad. Alojado en el hotel
"Peñalva", el libro de registro incluía su nombre: Pedro Maciel. Tuvo
que repetirlo una y otra vez, para acostumbrarse a la idea de que era
"él".
Miraba con nostalgia el río.
Al otro lado estaba Tenajo. ¿Viviría su pasado en él? Su casa había ardido.
Sólo habían quedado de ella las cenizas. Esparcidas ahora mismo sobre los
muebles, sobre la alfombra y en la ventana, Pedro las sintió y le causaron
escozor.
Se pasó la mano sobre la
frente y la sintió húmeda. Sudaba. Sudaba igual que Carmen, la chica de Tenajo
que trabajaba en el muelle. A lo largo de las mejillas, por delante de las
orejas, le corría el sudor hasta llegar a la garganta, produciéndole un
cosquilleo familiar.
Recordó a Carmen con el fardo
al hombro descendiendo por la rampa. No. Pedro no podía negarlo. Echaba de
menos el mar, el muelle y ¿por qué no confesarlo? Echaba de menos a Carmen.
Se miró los pantalones. Eran
rectos, sin más adornos que los bolsillos laterales. Se miró al espejo. Casi no
le habían dejado pelo. Sólo le quedaba un rizo que le caía sobre la frente.
Se acercó al cenicero para
dejar la colilla, Carmen también fumaba. Lo hacía por las noches mientras Marta
le acariciaba el cabello. Afuera soplaba el viento y los hombres se
emborrachaban en la taberna. Para borrar los recuerdos, Pedro decidió tomar un
trago de ron. Sería su primera experiencia como hombre y sentía la necesidad de
hacerlo. Quería empezar su nueva vida como lo que era: "un hombre nuevo
que se enfrentaba al mundo". Así le había dicho el médico al despedirlo
del hospital.
Descorchó la botella y tomó.
Como estaba delante del espejo, se río de sus propios gestos. Una sensación de
fuego le corrió por el gaznate. Tosió varias veces, luego se tiró en la cama y
contempló el techo de la habitación. Las vigas le recordaron el muelle.
Bajó la mano y agarró la botella,
Empinó de nuevo el codo y tragó hasta ahogarse. La lengua se le soltó:
—¡Carmen vivía con Marta
porque le daba la gana! ¡Perros! ¡En Tenajo no había hombres, todos eran unos
maricas! ¡El Bebo! ¡El Bebo se burló de todos! ¡Se llevó a las mujeres y pagó
la deshonra con licor!
Pedro vació la botella. Los
ojos se le nublaron y le zumbaron los oídos. Subió el tono de la voz para poder
oírse a sí mismo.
—¡A Carmen le daba asco el
Bebo! ¡Sépanlo, IDIOTAS, por eso lo rechazó!
Los últimos acontecimientos de
su vida anterior pasaron por su mente: La taberna de Tenajo con sabor acre. Las
palabras del Bebo cortando el humo para llegar impregnadas de nicotina y de
licor a los oídos de los demás y pasar de boca en boca hasta llegar a la calle arrastrando
su vergüenza:
—Que la Carmen no es hembra...
Me lo ha dicho el Bebo.
—Que la Carmen vive con Marta
porque es su mujer...
—Dice el Bebo que hay que
desnudarla para que aprenda.
—¡Y eso para que sepa que no
nos engaña!
—¡Quién iba a creerlo...! ¡La
Carmen!
La ola creció hasta
convertirse en tromba. La muchedumbre enardecida se dirigió al jacal de Carmen
y las teas llovieron sobre el techo. La noche de Tenajo se volvió roja y los
gritos de la turba acallaron el rumor del mar.
—¡Que arda! ¡Que arda la
machorra con su querida!
—¡Que el diablo se las lleve
juntas!
Pero a Carmen del mar no se la
llevó el diablo. Aquí estaba Pedro Maciel para certificarlo. Este ciudadano de nuevo
cuño que era producto de la ciencia. Que había nacido adulto a la vida social y
que ahora se revolcaba convulso, balbuciendo palabras húmedas de saliva y de
alcohol.
—¡Yo soy Pedro Maciel!...
¡BESTIAS! Carmen del Mar no existe, porque la he matado yo. ¡ESTÚPIDOS!
Creyeron haberla quemado y huyó de Tenajo. ¡Carmen del Mar es ahora Pedro
Maciel!...
[1] “Hermafrodita”
en: El Universal (01 de febrero de 1894), p. 3.
[2] “Un
marimacho” en: El Universal (22 de junio de 1894), p. 3.
[3] “Marimachos”
en: El Universal (10 de noviembre de 1901), p. 1.
[4] “Los
cuentos de Nidia Esther” en: El Nacional, México D.F, martes 03 de
noviembre, 1959.
[5] La
palabra “trap” hace referencia al significado de trampa, un hombre engañado por
una supuesta mujer que en realidad es un hombre.
[6] En
el cuento al que nos referimos se titula “El año de las conveniencias” del escritor yucateco Joaquín Bestard Vázquez publicado
en el año de 1985 de su libro “De la misma herida”. Citamos el fragmento: “(El
padre, don Félix, quería un niño para que se hiciera cargo de adulto de sus
tierras y sus propiedades y que compran todo lo que es preciso a un niño,
porque don Félix es hombre recto que no se equivoca y su mujer sería igual y ya
que quiere un varoncito, un chiquito tiene que ser y ¡puchis!, nace una niña y
como no pudieron echar mano de otra ropa traída de Europa y otros juguetes
comprados en Nueva Orleans o Cuba, Margarita creció como niño, Claro que no
pasan de ser murmuraciones de gente lista para el embrollo, pero se dice que
muy al principio, doña Lola trató de engañar a don Félix y en complicidad con
Chic, la sirvienta abuela dispuesta a todo, le hicieron un sexo de varón con el
cabo de una vela, para lograr que en la oscuridad de la alcoba don Félix se la
bebiera de un trago la trampa y algo falló)”.
[7] La
primera versión fue publicada en el año de 1959, en su segunda edición de 1984
la autora hace una serie de cambios para pulir su cuento. Nosotros tomamos la
segunda versión como base y hacemos un aproximado de cuatro correcciones de
puntuación para respetar y mantener la esencia del texto.



